Cualquiera que haya usado un shaker de plástico durante unos meses conoce el problema: acaba oliendo. El plástico es poroso, retiene los restos de proteína y llega un punto en que no hay lavado que lo arregle. El acero inoxidable no tiene ese problema, y esa es la razón principal para gastarse 14 € en uno en lugar de 5 en uno de plástico.
Este de HSN tiene 739 ml, tapón a rosca, boquilla abatible y un sistema de mezcla integrado en la propia tapa en lugar de la clásica bola metálica suelta, que es la pieza que siempre se pierde y la que hace ruido en la mochila. Como extra no anunciado, el acero mantiene la temperatura bastante mejor que el plástico: si te preparas el batido con hielo, aguanta frío horas.
Y ahora lo que no funciona tan bien, porque las opiniones son muy claras. Con 4,4 de media sobre 1.104 valoraciones, los aspectos positivos más citados son el material (70 menciones), el diseño (52) y que no coge olores (38). Pero los aspectos negativos más citados son el cierre (87 menciones) y la facilidad de limpieza (70), y hay 87 menciones en la categoría «no volvería a comprarlo», que es un dato que no se puede ignorar.
Traducido: a una parte de los compradores les gotea. Si vas a llevarlo dentro de la mochila con el portátil, tenlo presente. Y el lavado es a mano; no va al lavavajillas.
Lo mantengo en la lista porque el acero resuelve un problema real y porque la mayoría está contenta, pero es justo que sepas dónde está el riesgo antes de comprarlo.