Una fitball hace tres cosas bien y merece la pena tenerla aunque solo uses una de ellas. La primera es trabajo de core: cualquier ejercicio hecho sobre una superficie inestable obliga al abdomen y a los estabilizadores profundos a trabajar de forma continua. Plancha con antebrazos sobre la pelota, roll-out, puente de glúteo con los pies encima — todos son más exigentes que su versión en el suelo.
La segunda es movilidad y descompresión: tumbarte de espaldas sobre la pelota y dejarte caer abre la zona dorsal, que es donde acumula tensión casi todo el mundo que pasa el día sentado. La tercera, menos obvia, es como banco improvisado: apoyando la espalda alta se pueden hacer press con mancuernas y hip thrust sin tener banco.
El detalle técnico que importa es el diseño antiexplosión: si se pincha, se desinfla despacio en lugar de reventar. En una pelota sobre la que vas a hacer press con peso encima, no es un extra, es un requisito de seguridad. Esta lo lleva, aguanta 272 kg de carga estática y la superficie es texturizada para que no resbale.
Es también, curiosamente, uno de los productos más recomendados durante el embarazo, para trabajo de suelo pélvico y movilidad de pelvis, y varias opiniones lo mencionan.
Lo menos agradable: llega desinflada y el inflador que incluye es manual. Los compradores hablan de 5 a 8 minutos de bombeo, y es el aspecto peor valorado junto con la durabilidad. Un consejo: infla, espera 24 horas y vuelve a inflar — el PVC cede al principio y así queda con la firmeza correcta.